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Aprender de los otros, aprender con los otros

Al formularse preguntas, el niño se coloca en la posición de investigar. Generalmente no realiza esa investigación por sí solo, experimentando con objetos, sino que busca información en otros niños o adultos que tienen un mayor conocimiento sobre esos hechos, o en los sitios a ellos referidos.

La integración del niño a grupos donde coexisten diferentes intereses y niveles de información es por eso, muy útil. En el grupo tienden a atenuarse las diferencias culturales porque se elevan aquellos niños que disponen de menos información. Suele suceder en los grupos conformados por niños de edades distintas (varios hermanos, grupos de vecinos) donde se manifiestan desniveles, que el que domina mejor un aspecto tiene para aprender destrezas u otros conocimientos en otros aspectos en los que lo superan los demás. Las acciones de enseñar y aprender no se desarrollan en los grupos infantiles en una sola dirección, sino como un entretejido: esto permite a cada niño reconocer sus valores y sus carencias, los valores y carencias de cada uno de los integrantes del grupo y del grupo mismo.

De este modo, cuando un niño está aprendiendo de otro, además de aquello que le están enseñando aprende cómo son los demás y cómo es él mismo. Se genera la alegría de aprender con los demás cuando todos llegan a un nivel mas alto de conocimiento. Por eso propiciamos el trabajar juntos en la tarea de conocimiento: si entre dos tienen que argumentar para defender una posición, si tienen que proyectar un viaje, programar una reunión o diseñar un mural, cada idea de uno servirá al otro de punto de partida para sus propias ideas, hasta conformar un producto que no es de uno ni de otro, porque no hubiera tenido tal riqueza planteado individualmente.

Aprender de los otros, aprender con los otros

Aprender con los demás exige un permanente enriquecimiento del lenguaje, tanto para explicar el propio pensamiento como para entender el mensaje que se recibe. El enriquecimiento del lenguaje se obtiene adquiriendo nuevos vocablos con conocimiento cabal de su significado; pero además de agregar palabras a las ya sabidas, debe sistematizarse la relación entre los conceptos, buscando cuáles abarcan a otros: así el niño comprenderá la relación entre "naranja" y "fruta" (todas las naranjas son frutas pero no todas las frutas son naranjas), entre "silla" y "mueble", entre "pelota" y "juguete", etc.

Hay un lenguaje empleado en la comunicación que trata de ser claro y preciso; hay otras formas de lenguaje vinculadas a la expresión de la vida interior que, por emplear el lenguaje figurado, son más difíciles de captar. Aunque en la vida diaria el lenguaje con el que interactúa el niño es sencillo, vale la pena acercarle páginas de grandes escritores.

Los conocimientos llegan al niño casi siempre a través de la palabra o de la imagen: el sitio y la televisión son dos valiosos recursos para su formación cultural.

Aprender de los otros, aprender con los otros

¿Cómo obtener el mayor provecho de un sitio de estudio?

Antes de abrir el sitio debemos procurar crear un ambiente que facilite la lectura: buena luz, buena ventilación, tranquilidad, ausencia de sonidos estridentes, asiento cómodo, papeles y lápices a disposición. Hay niños que aprovechan mucho estudiando en grupo, otros prefieren estudiar solos y después comentar con los demás.

Aunque no hay una técnica única de estudio, reconocemos tres momentos en el acercamiento al texto.

Primer momento: prelectura o lectura global, rápida, de la página a estudiar, deteniéndose en el primer y último párrafo, que generalmente son portadores de las ideas centrales.

Segundo momento: lectura párrafo a párrafo, con actividades complementarias (dibujar, consultar el diccionario, subrayar, hacer esquemas, resúmenes o cuadros sinópticos). Si se va marcando las "palabras-clave" de cada párrafo, se forma el esquema de la lección, que destaca los conceptos esenciales incluidos en ella. Si se busca la idea principal desarrollada y las ideas secundarias, preparamos el resumen, en el que brevemente y con nuestras palabras sintetizamos el eje fundamental de la lección y los desarrollos accesorios.

Aprender de los otros, aprender con los otros

Si se organiza el esquema y el resumen en forma de diagrama, utilizando recursos gráficos como flechas, llaves, recuadros, etc., que ponen de manifiesto la relación entre las distintas ideas desarrolladas, tenemos un cuadro sinóptico.

Nótese cómo insistimos en encontrar en toda página a estudiar las ideas principales y no los datos aislados, difíciles de recordar por su falta de relevancia.

En el párrafo "El 8 de octubre de 1851 se firmó la paz que puso fin a la Guerra Grande que dividió a los orientales y provocó la intervención extranjera en nuestro territorio", el dato "8 de octubre" carece de importancia.

Sea cual sea el recurso de que nos valgamos lo importante es estudiar con lápiz y papel para escribir o subrayar.

Con el esquema, resumen o cuadro a la vista intentaremos exponer el tema estudiado, explicando cada idea de dos o más maneras distintas.

Aprender de los otros, aprender con los otros

Tercer momento: lectura final, para cotejar el texto con lo que habíamos recordado.

El estudio de la página será verdaderamente provechoso si lo hacemos a la luz de nuestros conocimientos y opiniones anteriores, si tomamos conciencia de las dudas y los intereses que nos surgieron a partir de la lectura.

Si deseamos profundizar en determinado conocimiento se pueden leer textos complementarios o discrepantes entre sí porque eso ayudará a enfocar el mismo tema desde diversos puntos de vista.


Hemos planteado cómo obtener el mayor provecho de un sitio de estudio, no para recordar algunas informaciones, aisladas, sino para integrar lo que estamos aprendiendo allí con todo lo que sabemos de antes, de modo de formar una red de conocimientos cada vez más firmes porque se entraman unos con otros. Una vez constituida esa red, inevitablemente se amplía por el interés que despierta por asimilar nuevos conocimientos y la capacidad de hacerlo.

Aprender de los otros, aprender con los otros

Si la palabra escrita fue el modo predominante de transmitir conocimientos durante varios siglos, es evidente que hoy es sustituida en muchos casos por la información recibida a través de las imágenes visuales y auditivas que nos llegan a través del televisor.

¿Puede convertirse el televisor en aliado en nuestro esfuerzo por hacer más inteligentes a nuestros hijos?

Si comparamos la situación de un niño que juega con sus amigos con la de otro que mira el televisor, resulta claro cuándo se promueve la actividad, la espontaneidad, la participación y cuál de los modos lleva al niño al aislamiento y la pasividad.

Hay otros aspectos en los que la incidencia de la televisión es negativa: el mensaje que nos llega trasmite valores que no son siempre los que comparten los padres: así se jerarquiza el consumo por encima de todo, los niños que son felices son los que consumen, los que compran, los que están rodeados de objetos; se jerarquiza la violencia y los héroes son quienes pegan más fuerte, quienes traen las armas de destrucción más potentes.

Aprender de los otros, aprender con los otros

Cuando se hacen estas críticas a la TV nos sentimos tentados a prohibir que nuestros hijos reciban esas "enseñanzas". Pero no somos los adultos quienes tenemos que apagar el televisor al niño: él mismo debe capacitarse para seleccionar programas, para tener una visión crítica de ellos, para elegir momentos en los que descansa o aprende o se recrea con la televisión y momentos en que es más interesante jugar con los amigos, hacer deportes, construir objetos, charlar con los mayores.

Si los padres usan al televisor como niñera, para que entretenga al hijo mientras ellos cumplen otras tareas, están generando en el niño el hábito, la adicción que necesita día a día una dosis mayor.

Si los padres entre todo lo que tienen para hacer disponen de un rato para jugar con los hijos, para charlar con ellos y también un día los invitan a ver televisión juntos, los ayudarán muchísimo en su formación como televidentes críticos, independientes y no atados a un consumo de dos o tres horas diarias de programas que no los estimulan a progresar.

¿Qué programa elegiremos? Los hay excelentes de viajes, de aventuras, de costumbres de animales, de "gags" muy graciosos. Y luego de observar juntos el programa intercambiamos impresiones: -A ti, ¿qué parte te gustó más? ¿En qué momento te emocionaste? ¿Hay algo que no sabías y que aprendiste viendo el programa? ¿En qué te hizo pensar? ¿En qué te hizo cambiar de idea? Si hubieras estado en lugar de ese personaje, ¿qué habrías hecho?

Aprender de los otros, aprender con los otros


Si el niño eligió una mala serial, después de esta andanada de preguntas es posible que no vuelva a ella la próxima vez, que elija otro programa, y si en ese momento no hay ninguno de interés puede ser que apague, él mismo, el televisor y vaya a jugar, a aprender, a transformar cosas, ya que lo que naturalmente le atrae es la acción.

Mirar sentado una serial rutinaria puede aburrir (y dañar la inteligencia), en cambio, la actividad propia nunca lo llegará a aburrir. Para ese momento necesitaremos maderas, cartones, cola, clavos, martillos, pinceles, tijeras y más tiempo, por supuesto, para construir juntos. Así se desarrollan destrezas, habilidades manuales que interactúan con las formas de pensar que hemos analizado en los capítulos anteriores.

Dijimos antes que no enseñamos a pensar solamente para que los niños sepan pensar.

Les enseñamos para que actúen en consecuencia con su pensamiento. Este es el camino de la inteligencia: del hacer al pensar, del pensar al hacer mejor; del hacer mejor al pensar mejor...

Ninguna reflexión es plena si no se vuelve a la acción; pero ahora no se trata de la actividad sin un propósito definido con la que el niño inicia su contacto con el mundo. Ahora se trata de hacer para cambiar, para mejorar los objetos que nos rodean, los seres con los que convivimos y mejorar nosotros mismos.

Y lo hacemos juntos, padres e hijos.

Aprender de los otros, aprender con los otros

Si hemos recorrido el parque y aprendido miles de cosas en él, tenemos que procurar mejorarlo: llevaremos una planta que allí no hay, pondremos un cartel con el nombre de un árbol poco conocido, sacaremos una fotografía de él para enviar a niños de otra ciudad, marcaremos en un lugar adecuado un arco o una cancha de fútbol; si hemos entrado en el mundo de la cocina, confeccionaremos un mueble para los productos de limpieza, clasificaremos las recetas de cocina en un álbum, pediremos nuevas recetas; si nos detuvimos a aprender en la parada del ómnibus, prepararemos un letrero que diga las líneas que por allí pasan y sus destinos respectivos, buscaremos a otros niños para pintar o mejorar el refugio de los que esperan, etc., y así en cada ocasión: que el niño sepa que las grandes realizaciones comienzan por las pequeñas acciones, que los parques se inician plantando los árboles uno a uno, que los sitios se escriben palabra por palabra, que los grandes-edificios se levantan entre muchas personas ladrillo a ladrillo.

Necesitamos, pues, ser más inteligentes para cambiar los objetos, el entorno, pero también para ayudar a los demás a cambiar, a saber más, a actuar mejor y, quizá lo.más difícil, para cambiar nosotros mismos, tomando conciencia de nuestras carencias, de nuestros errores, de nuestras inconsecuencias, de nuestras contradicciones, en una actitud de total sinceridad con uno mismo y de apasionado esfuerzo por construirnos permanentemente.

¿Que es aprender?

La aplicación de los esquemas ya adquiridos y la elaboración de nuevos intentos serán favorecidos por la riqueza de situaciones que se le ofrezcan al niño: estamos señalando la importancia de que el mundo en el que vive el niño sea un mundo con piedras, con animales, con plantas, con sonidos de todas clases, con baldes de agua, con maderas que floten y bolitas que se hundan, con olores distintos, con linternas, con espejos, con herramientas, con pinceles, con pinturas que se puedan mezclar, con pajitas para soplar, con latas que ruedan, con cajas que se deslizan más o menos rápido según se incline el plano en el que se apoyan, con poleas(carretes) que permitan subir pesos tirando hacia abajo, con líquidos que se evaporan, con materiales y objetos que lo inciten a obrar y a pensar.

c) A esta visión bifocal, (la que muestra la relación entre el niño y el mundo de los objetos), debemos agregar un tercer elemento, el mundo de los otros.

Muy pronto el niño comienza a emplear una nueva estrategia de conocimiento: la imitación de las conductas de los que lo rodean. Además, cuando avanza el proceso de comunicación verbal entre el pequeño y los demás, éstos comienzan a transferirle por una parte mucha información, y por otro lado una forma de sistematizar el mundo a través de conceptos (de espacio: aquí, allá; de tiempo: antes, después; de cantidad: más, menos, uno, ninguno; de clase: igual, distinto; etc.), lo que lo ayuda a comprender el entorno a medida que hace experiencias en él.

Después de los dos años, cuando el niño comprende lo que le dicen y comienza él mismo a producir mensajes hablados, esta nueva capacidad crea a su vez un nuevo conflicto de conocimientos: el desequilibrio entre lo que el niño sabe y lo que saben los demás; entre lo que puede comprender por sí mismo y lo que puede entender cuando los otros le explican.

Este es el otro gran motor de la inteligencia: el avance provocado por el contacto con los otros, ya que intenta absorber los desniveles de conocimientos y de destrezas con el modelo.

Estamos señalando ahora la importancia de que el grupo que rodea al niño le ofrezca cuentos, conocimientos, relatos, juegos, tareas que él no conozca y que requieran de él observaciones más precisas, exploraciones, opciones, establecimiento de relaciones, expresiones nuevas.

La inteligencia crece cuando el niño, en un mundo con muchos objetos y muchas personas, va tejiendo la trama: acción, reflexión, mejor acción, mejor reflexión... y finalmente, cuando el conocimiento de las cosas, de los seres y de sí mismo es la base para actuar concientemente para cambiar positivamente las cosas, para ayudar a mejorar a los demás, para progresar él mismo.

Si esto es aprender en el mundo real, ¿cuáles son las dificultades que pueden aparecer, las limitaciones en el pensamiento, las carencias de la inteligencia?