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El primer modo de aprender: Observar

El niño aprende fundamentalmente por sus acciones en la realidad. Si queremos que él se apropie de lo que los seres humanos han atesorado en su cultura, que sepa mucho de lo que se enseña en los sitios y en la escuela, pero queremos sobre todo que el niño se haga cada vez más inteligente, tenemos que lograr que tome conciencia de los efectos de sus acciones sobre lo que lo rodea, que no pase por aquí y por allá sin fijarse, que ponga atención en lo que sucede en los lugares, en los momentos del día, en la gente, en los árboles, en lo que se repite una y otra vez de un modo similar, en lo que va cambiando y cómo va cambiando, en una palabra, tenemos que conseguir que nuestro hijo sea un niño observador.

Sus ojos, sus oídos, sus manos, su nariz, su lengua, toda su piel, le permiten tender puentes a su alrededor. Quienes pierden alguno de los sentidos se dan cuenta de cómo eso los aisla, les dificulta comprender profundamente lo que pasa a su lado. El niño que ve bien, que oye, que huele, tiene que aprender a actuar usando esos recursos formidables para no quedarse prácticamente encerrado en un pequeño mundo conocido y rutinario.

El primer modo de aprender: Observar II

Hellen Keller fue una mujer norteamericana ciega y sorda desde los diecinueve meses.

Con un esfuerzo sin límites de ella y de sus amigos logrp ingresar al mundo de la cultura: llegó a hablar, a escribir, a dictar conferencias, a convertir su vida en un gozo para ella y para los que la rodeaban.

En una de sus intervenciones más emotivas, ella cuenta:

"Hace poco me visitó una amiga que acababa de regresar de un largo paseo por los bosques. Le pregunté qué había observado. -Nada en particular- me respondió.

Yo no le hubiera creído si no estuviera acostumbrada a tales respuestas; hace tiempo me convencí de que los videntes ven poco.

¿Cómo es posible, me pregunto, caminar una hora entre los árboles y no ver nada digno de nota?

Yo, que no puedo ver, encuentro cientos de cosas que me interesan, a través del simple tacto. Siento la delicada simetría de una hoja. Paso mis manos por la suave piel de un álamo o la áspera corteza de un tronco. En primavera, palpo las ramas de las plantas en busca de un pimpollo, el primer signo de la renaciente naturaleza. Percibo la aterciopelada textura de una flor, descubro sus notables ondulaciones y algo del milagro de la naturaleza me es revelado. En ocasiones, si tengo suerte, siento el feliz estremecimiento de un pájaro en pleno canto.

Disfruto al sentir el agua fresca de un arroyo corriendo a través de mis dedos abiertos.

El primer modo de aprender: Observar III

Para mí, el cambio de estaciones es un drama emocionante e inacabable, cuya acción transcurre a través de las yemas de mis dedos. A veces mi corazón estalla por ver todas esas cosas. Si yo puedo obtener tanto placer con mis manos, cuánta más belleza me sería revelada por mis ojos..."

Y entonces dice que le gustaría tener sus ojos sanos por tres días, tres días para ver.

Nuestros hijos tienen por delante años para ver: tratemos de que la realidad no pase por delante de ellos sin que noten su riqueza y variedad. Pero para conseguir niños observadores tendremos que serlo nosotros también. Así el niño descubrirá el placer de estar atento, la importancia dé andar con todos los sentidos alerta, abiertos a los infinitos colores, a la diversidad de las formas, a la diferencia de sonoridades, a los olores, a los gustos, al suave movimiento con que cae una hoja, a la expresión de los ojos de la abuela, a la fuerza de un obrero, a la habilidad de un artesano, a la velocidad de un vehículo.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a convertirse en observadores atentos? o mejor, ¿qué hacer para convertirnos junto con nuestros hijos en observadores atentos?

¿Dónde observar? ¿Cuándo? En todos lados y en todos los momentos: jugar al que ve más lejos, al que oye sonidos más suaves, al que descubre seres más pequeños. En la cocina y en el fondo de casa, en la feria y en la tienda, en el parque y en el programa de televisión, en la cancha de fútbol y en el plato de comida: observar siempre.

El primer modo de aprender: Observar IV

¿Cómo observar? El adulto es a menudo un espectador pasivo que registra de lo que pasa a su alrededor sólo lo muy importante, lo que más incide en sus propias tareas. Por suerte el niño no es así: naturalmente es un observador activo, que toca, que aprieta, que cambia la forma o el estado de las cosas. La acción es la primera forma de observación del niño y nuestra obligación es facilitarla, promover cualquier experiencia que no entrañe peligros graves.

El chico toma conciencia del efecto de sus acciones sobre los objetos o seres, y esto le impulsará a repetirlas o lo obligará a cambiar sus actos.

Aquí apareció el segundo ingrediente de la observación: tomar conciencia, fijarse, poner atención en los resultados de lo que se hace: echa azúcar en la leche y revuelve, echa hojitas de té en la leche y revuelve, echa migas de pan y revuelve: ¿qué pasa en cada caso? Si está jugando con un cachorro lo corre, le rasca el lomo, lo rezonga, se hace el indiferente. ¿El perro reacciona del mismo modo cuando se repite el acto? Si está clavando, ¿el clavo entra con la misma facilidad en unas maderas y en otras?

Poner atención puede significar concentrarla sobre un objeto (es el caso del médico que ausculta o del niño que traza sus primeras letras), pero también puede significar observar a la vez distintas señales de diferente orígenes (el caso de un buen jugador de fútbol o de un niño que aprende a andar en bicicleta solo). Debemos fomentar en nuestros hijos (y en nosotros, por supuesto) ambas formas de atención: ¿te fijaste en...? ¿oíste...? ¿sentiste qué aroma? ¿subieron los precios? ¿qué pasaba allá? ¿qué estaban haciendo los...? ¿qué decían en...?

¿Somos capaces de registrar veinte o treinta informaciones desde una esquina? Si es así, la exigencia tiene que ser de más observaciones y de observaciones más finas. Como es imposible atender todo, hay que enseñarle al niño a reconocer lo que más importa al caso, enseñarle a filtrar imágenes, eligiendo de lo que se nos presenta aquello que vale la pena recordar.

El primer modo de aprender: Observar V

Pasamos a un tercer elemento de la observación: memo-rizar. La memoria inteligente no es la repetición mecánica de palabras incomprensibles, sino la que nos permite evocar aquello que se debía recordar.

Si salimos, saber dónde pusimos la llave de casa es un ejemplo de recuerdo necesario. Por eso ponemos cuidado en grabarnos ese acto. Pero si cuando la vamos a buscar en el lugar habitual no la encontramos, comienza el trabajo de evocar, de rehacer mentalmente los momentos en que la tuvimos en las manos o la vimos por última vez y de reconstruir esos episodios: qué estábamos haciendo, qué teníamos en las manos, que ropa llevábamos, con quién estábamos.

Resumimos: para observar activamente el niño necesita hacer, atender, memorizar. Agregamos otro elemento: comunicarse. Cuando asistimos con otro a un hecho, la comunicación enriquece la observación. Por eso es importante hablar con los niños para que capten nuestras expresiones y emitan las suyas y tomar también las palabras como motivos de observación: hay palabras que muestran en sí mismas su significado, como pocilio, ternero, sombrero, puerto, descubrir, bolsillo, tablado, etc.; hay palabras que quieren decir lo mismo que otras o algo muy parecido: lindo, bonito; astro, estrella; ruidoso, sonoro; etc. Hay palabras que expresan conceptos opuestos como liso y áspero; fuerte y débil; pasajero y duradero (y acá vemos qué llena de significado está la palabra pasajero), etc.; hay palabras que engloban objetos de distintas clases: mueble sirve para mesa, ropero, sillón, etc., herramienta sirve para martillo, tenaza, serrucho...

Las palabras nos sirven para ajustar nuestro pensamiento e inclusive para reconocer los distintos puntos de vista con que puede percibirse la misma situación: ¿cómo ve los objetos un jugador de basquetbol que mide más de dos metros?, ¿cómo los ve una anciana chiquitita?; ¿cómo ve una fiesta el que cumple años?, ¿y un invitado?, ¿cómo ve un accidente el automoviüsta, el peatón atropellado, el policía, el médico?, ¿cómo ven un partido de fútbol los aficionados a un cuadro o al otro?, ¿cómo vieron la batalla de Las Piedras los artiguistas?, ¿y los españoles?

Dijimos que el primer modo de aprender es observar. Porque observar nos permite describir un hecho o una situación, y describir objetivamente es el cimiento del conocimiento verdadero.